viernes, 11 de abril de 2014

Ajarei Mot 5774

Los Rabinos de la UJCL escriben sobre la Parashá de la semana

Rabino Gustavo Kraselnik

El ritual de la expiación que se describe al principio de Parashat Ajarei Mot resulta conocido para aquellos que asisten a la sinagoga en la mañana de Yom Kipur.  El capítulo 16 de Vaikrá (Levítico) describe con minuciosidad el procedimiento que llevaba adelante el Cohen Gadol para expiar sus faltas, las de su familia y las de todo el pueblo.

Una de las particularidades que tenía este ritual es que se escogían dos animales exactamente iguales y luego se realizaba entre ellos un sorteo.  Uno salía seleccionado para Dios y era ofrendado por el sacerdote, y el otro, destinado “para Azazel” era el chivo expiatorio. En él se depositaban simbólicamente todas las faltas del pueblo.

El Talmud dedica una amplia sección del Tratado de Yomá para explicar y analizar en detalle este ritual.

El término Azazel aparece 4 veces en nuestra Parashá y no vuelve a aparecer nunca más en todo el Tanáj (Biblia Hebrea).  Su significado no es claro, de allí que hayan surgido distintas explicaciones:
  • Azazel es una conjunción de dos palabras: EZ (cabra) AZAL (que se marcha), es decir, es la referencia al “animal que era enviado” y abandonado en el desierto, portando las transgresiones del pueblo.  Abraham Ibn Ezra (España, Siglo XII) defiende esta interpretación.
  • Otros sostienen que Azazel era el nombre del lugar en donde era dejado el chivo.  Se trataba de una zona inaccesible, llena de acantilados y barrancos, tal como explica Rashi (Francia, Siglo XI) citando el Talmud.  Esta interpretación pareciera querer armonizar con la práctica realizada en la época del segundo Templo, cuando el chivo expiatorio era lanzado desde un acantilado.
  • Una tercera línea argumentativa afirma que Azazel es el nombre de un demonio, una reminiscencia pagana de una figura antitética del Dios de Israel, que moraba en el desierto.  La literatura rabínica abunda en esta dirección.  La prohibición de ofrecer sacrificios a los demonios aparece también en esta Parashá (Lev 17:7), y de hecho, en el ritual de la expiación, el animal no era ofrendado para Azazel.

En lo personal, lo que más me llama la atención es el sorteo que se realizaba para determinar qué animal sería ofrecido como sacrificio y cuál iba a ser destinado para Azazel:  “Luego echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos, una suerte por Adonai y otra suerte por Azazel” (Id. 16:8).

El Talmud describe cómo era el sistema mediante el cual se definía la misión de cada animal y lo que podría ocurrir, incluso en caso de que alguno de los animales muriese antes de ser realizado su ritual.

Lo más sorprendente es que ambos animales eran idénticos, estaban en la misma condición y es por medio de un acto azaroso que se establecía el porvenir - tan distinto – de ambos.  Uno sería ofrendado para Dios y el otro, el depositario de todas las faltas, para Azazel (en cualquiera de las interpretaciones anteriores).

Al ver el papel que juega la suerte en el ritual, podemos apreciar cómo la fuerza del acto radica en su simbolismo.  No hay diferencia de categoría entre un animal y otro, no hay distancia de ninguna clase entre ambos.  Los animales son solo medios para realizar una acción cargada de sentido.  Daba lo mismo qué animal sería utilizado en cada caso, un simple sorteo lo establecería.

De aquí podemos aprender que los rituales no son magia.  No es el chivo el que expía los pecados del pueblo, ni el sacrificio el que logra el favor de Dios.  El acto y la liturgia se vuelven valiosos cuando logran canalizar las sensaciones más profundas del ser humano, cuando evocan y nos refieren a una realidad mucho más abstracta.

“Una suerte por Adonai y una suerte por Azazel.”  La identidad de cada animal es irrelevante; será el simbolismo del ritual el que logre dotar de trascendencia a cada uno.

Shabat Shalom,
Gustavo

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