viernes, 23 de abril de 2010

Parashiot Ajarei Mot - Kedoshim

Torá: Levítico 16:1 - 20:27
Haftará: Amos 9:7 - 9:15


Los Rabinos de la UJCL escriben sobre la parashá de la semana
Rabbi Mario Gurevich
Beth Israel Synagogue – Aruba

Esta semana leemos dos Parashiot: Ajaré Mot y Kedoshim; y la semana entrante leeremos Emor.

Esta seguidilla es la que dio origen a un viejo chiste de Yeshivá: Ajaré Mot Kedoshim Emor que más o menos traduciría como: después de muertos dirán que fueron justos, o como reza el refrán suramericano: “no hay muerto malo”.


En realidad las primeras palabras de Ajaré Mot intentan ubicarnos en el tiempo y hacen referencia al episodio de la muerte de Nadab y Abihu, hijos de Aarón que “se acercaron delante de Dios y murieron”.

Ya este asunto había sido relatado hace un par de semanas en la Parashá de Sheminí y allí se nos decía: “Y Nadab y Abihu…ofrecieron un fuego extraño delante de Dios que El no les había ordenado…y salió fuego de delante de Dios y los devoró y murieron delante de Dios”.

Esto es todo lo que nos dice la Torá sobre este episodio tan grave, nada menos que la muerte, a manos de Dios de dos de los cuatro hijos de Aarón, el primero y Gran Sacerdote.

¿Cuál pudo haber sido la transgresión tan grande que ellos cometieron? Como no hay información disponible, este tema fue objeto de elucubración por parte de los exegetas y comentaristas a todo lo largo de la historia.

La mayoría de ellos entienden que “fuego extraño”, en hebreo esh zara, hace referencia a un ritual pagano, puesto que la palabra zara –extraño es la relacionada habitualmente al paganismo (Avoda Zara = Paganismo= Culto a los ídolos).

Sin embargo otros disienten ya que resulta difícil concebir que dos sacerdotes recién consagrados, testigos de todos los milagros relacionados a la salida de Egipto, pudieran albergar sentimientos paganos.

Ellos sugieren, a partir de la aclaración de que “El no les había ordenado” que el “fuego extraño” fue más bien un exceso de celo; que Nadab y Abihu no pudieron esperar tranquilamente a que les llegara el tiempo de su ofrenda y quisieron hacer más que lo que les fue ordenado.

Personalmente prefiero esta última lectura. En particular viendo nuestra realidad de hoy donde algunos correligionarios parecen pasarse la vida pensando como cumplir más mitzvot que las que nos fueron ordenadas por la Torá. O como observarlas en el papel pero descartando totalmente su espíritu.

A título de ejemplo, la recién pasada festividad de Pesaj. Claramente Pesaj tiene dos preceptos, uno afirmativo y una prohibición: debemos comer Matzá y abstenernos de comer Hametz (leudado).  ¿De donde entonces esa cosa obsesiva de convertir en “Kasher lePesaj” productos que ni siquiera consumimos durante el resto del año?

O la serie de productos “Kasher” que nos ofrecen tocino vegetariano o camarones hechos de pescado, que se ven, huelen y probablemente sepan como los originales. Creo que cuando la Tora nos prohibió consumirlos no se refería solamente al ADN del animal prohibido sino incluso a su apariencia.  ¿Por qué alguien que dice observar Kashrut debería sentir placer en consumir un alimento prohibido cuando una etiqueta le dice que bioquímicamente no lo está?

Adicionalmente, el riesgo de creer que Dios nos dicta sus instrucciones a la hora del desayuno conduce al fundamentalismo, que cuando judío no es menos malo que sus equivalentes cristiano o musulmán.
¿Recuerdan el caso del Dr. Baruj Goldstein quien tomó una ametralladora y asesinó a un grupo de feligreses que oraban en una Mezquita en Hebrón? No se me ocurre mejor ejemplo para definir lo que siento que es “esh zara”, un fuego extraño. El Dr. Goldstein no era un salvaje ni un criminal. Era un hombre de familia, con educación universitaria y un judío observante.

Pero creyó que debía hacer más de lo que Dios le y nos había ordenado. Con catastróficas consecuencias.

La creencia religiosa, la fe y la práctica, son cosas buenas. Nos dan un marco de referencia y regulan nuestra conducta. Y proveen ciertamente de paz espiritual a quien las observa.

Pero su exageración, la manifestación obsesivo-compulsiva de la misma, solo puede conducir a la creación de fuegos extraños, y de allí al desastre.

Algo para reflexionar.

Shabat Shalom

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