miércoles, 25 de septiembre de 2013

Bereshit 5774

Los Rabinos de la UJCL escriben sobre la parashá de la semana

Por el Rabino Rami Pavolotzky
Congregación B´nei Israel, San José, Costa Rica

“Hagamos al hombre… ¿a  quién le habla Dios? 

Bereshit es una de las parashot favoritas de niños y adultos, por sus bellas historias, sus célebres personajes, su complejidad teológica, su gran humanidad, y sobre todo por la gran cantidad de principios e interrogantes que nos entrega. Una vez más emprendemos su estudio, lo que nos produce el mismo entusiasmo de siempre.

Me gustaría en esta ocasión referirme a un versículo de nuestra parashá, que alude a la creación del hombre y la mujer. Dice en la Torá “Y dijo Dios: hagamos un hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…” (Bereshit 1:26). Solo estas primeras palabras de este versículo plantean grandes preguntas, algunas soslayadas aquí por la traducción al español: ¿Por qué el uso del plural? ¿A quién le habla Dios? ¿Qué significa exactamente Adam/hombre? ¿Qué es la imagen y la semejanza de Dios? 

Vean qué rico es el texto, que solo con leer seis palabras (en el original hebreo), ya tenemos cuatro preguntas de difícil respuesta, algunas de las cuales son de gran profundidad teológica. Está claro que solo con Parashat Bereshit podríamos pasar años estudiando y debatiendo.

Me voy a limitar solamente a presentar una explicación al uso del plural. ¿Por qué es un problema? Por varias razones: en primer lugar, se supone que a esta altura de la creación Dios está solo con las plantas, los animales, los astros y la tierra: no sabemos de nadie que lo pueda escuchar y responderle. ¿Por qué entonces parece incluir a otros en su alocución?

Además, hay un problema teológico evidente en esta forma de hablar. Si Dios le habla a alguien, nos están diciendo que “allí había alguien más”. No es difícil entonces caer en posiciones dualistas, como la antigua creencia del Dios bueno y alejado, y el Dios malo y cercano al mundo humano, tan en boga en la antigüedad. También alguien podría suponer que allí había otros dioses, otros seres, etc. De hecho, algunos académicos sostienen que esta forma de narrar es un resabio de un antiguo texto pagano, en el cual Dios le hablaba a su corte celestial, o que más bien es una reflexión monoteísta sobre el antiguo lenguaje pagano. Un bonito midrash (Bereshit Rabá 8:10) dice que cuando Moshé estaba en el Monte Sinaí escribiendo la Torá que Dios le dictaba y llegó a este versículo, le dijo a Dios: “Soberano del universo, ¿por qué dejas estas dudas para que se aprovechen de ellas los minim, aquellos herejes que sostienen que hay dos poderes principales en el mundo? A lo que Dios le respondió: “Moshé, tu escribe, y si ellos desean errar, pues que lo hagan”.

Una explicación mucho más racional surge del uso del llamado plural mayestático, que muestra que antiguamente los reyes se referían a sí mismos en plural al proclamar sus edictos, para aumentar su propia gloria y autoridad. En lugar de decir “yo les ordeno que hagan tal y cual cosa” decían “nosotros les ordenamos que hagan tal y cual cosa”. Podemos encontrar el uso de esta forma lingüística en varios lugares en el Tanaj, como por ejemplo en la historia de la Torre de Babel, cuando Dios dice “Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero” (Bereshit 11:7). Si esta explicación es correcta, entonces Dios no le está hablando a nadie, sino que solamente está utilizando una licencia lingüística para referirse a sí mismo. Simplemente está diciendo de otro modo “haré al hombre a mi imagen y semejanza”.

El midrash (Bereshit Rabá 8:5) plantea que Dios estaba consultando a sus ángeles sobre si debería crear al hombre o no. Basándose en un midrash similar, Rashi explica que de aquí podemos aprender de la humildad del Santo Bendito Sea, ya que cuando los ángeles se enteraron que Él iba a crear una criatura tan elevada y compleja como el ser humano, inmediatamente sintieron una enorme envidia y se vieron como inferiores a él. Por eso Dios los consultó, para que sintieran que todavía eran muy importantes para él.

Hay varios midrashim muy interesantes sobre este “diálogo” que sostiene Dios con sus ángeles: al parecer muchos de ellos se oponían a la creación del hombre, mientras que otros la apoyaban. La misericordia decía “que sea creado, pues tendrá la capacidad de ser misericordioso”, mientras que la verdad gritaba “que no sea creado, pues estará lleno de mentiras”. La justicia decía “que sea creado, pues hará obras justas en el mundo”, mientras que la paz respondía “que no sea creado, pues traerá la guerra y la disputa”. Según una de las interpretaciones de este midrash, mientras los ángeles discutían unos con los otros, Dios creó al hombre y les dijo “¿para qué discuten?, ¡el hombre ya fue creado!”. 

Abarvanel, citado por el Jumash Hertz, dice que Dios utilizó el plural porque dialogó con toda su creación. ¿Por qué? Por un lado, para darle la dignidad y el realce que su creación merecía, y por otro para  mostrar cuán diferente era el hombre del resto de la creación.

Más allá de cuál sea la explicación más correcta o adecuada, no hay dudas de que de cada una de ellas podemos aprender muchas lecciones importantes. Como no tenemos tiempo ahora para comentarlas todas, me gustaría dedicarle unas palabras a la explicación que presenta el rabino Harold Kushner en su libro Cuando la gente buena sufre. Esta exégesis está basada en que en el versículo anterior al nuestro (Bereshit 1:25) Dios crea a los animales. Después de crearlos se dirige a ellos y les dice “hagamos al hombre”… “modelemos una criatura que sea como ustedes en algunos aspectos, comerá dormirá, tendrá hijos; y que en otros aspectos sea como yo, que tenga un alma y que pueda distinguir entre lo bueno y lo malo”. 

Y así somos nosotros, ¿verdad? Una mezcla de lo más bajo y lo más elevado, de animal y divino. Podemos caer en los actos más horrendos y miserables, o llegar hasta las alturas de la bondad, la ayuda al prójimo, el respeto, la búsqueda de la justicia, etc. Quizás por eso es que Dios nos creó en plural, conversando con los animales: porque para darnos forma tomó un poco de ellos y otro poco de Él mismo. En todo caso, nuestro reto será elegir con sabiduría cuál aspecto nos gustaría potenciar, y trabajar con ímpetu para lograrlo.

¡Shabat Shalom!
Rabino Rami Pavolotzky
Congregación B´nei Israel
San José, Costa Rica

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