jueves, 29 de diciembre de 2016

Parashat Miketz – Shabat Janucá 5777

Los Rabinos de la UJCL escriben sobre la Parashá de la semana

Rabino Gustavo Kraselnik
Congregación Kol Shearith Israel, Panamá


Parashat Miketz – Shabat Janucá


Por los propios mecanismos que el latir del calendario judío establece, Parashat MIketz siempre se lee en el Shabat de Janucá. Y esta “coincidencia” ha despertado el interés por encontrar algunos puntos de conexión entre la historia de Iosef que sale dela cárcel y se convierte en virrey de Egipto por un lado y la de los Macabeos y el milagro del aceite por el otro.

Ambas narraciones están cargadas de dramatismo y han sido fuente de inspiración de notables creaciones literarias. Posiblemente, las dos más conocidas - que además son casi contemporáneas - son: La tetralogía “José y sus hermanos” (1933-1943) de Thomas Mann y “Mis gloriosos hermanos” de Howard Fast. 

Pareciera ser que ambas historias están atravesadas por ejes comunes, aunque hilvanadas a partir de miradas diferentes que se complementan. 

Uno es el de los sueños, las ilusiones y la realidad que se construye a partir de ellos; en el caso de Iosef, sueños propios y ajenos que lo llevan a la esclavitud y de allí al poder, mientras que los Macabeos inspirados en sus convicciones derrotan las huestes enemigas y logran purificar el Templo.

Otro el esfuerzo por mantener la propia identidad en un ambiente extraño, que se expresa en la rebelión de los Hasmoneos ante la presión helenizante de las huestes invasoras (con la complicidad del liderazgo propio) y en el compromiso de Iosef por seguir siendo quien era, con sus principios y sus tradiciones, aún ante las tentaciones de la corte egipcia.

En ambas historias, los protagonistas son capaces de superar la adversidad. A fuerza de paciencia y tesón, sin renunciar a sus creencias supo resistir Iosef la servidumbre primero y la prisión después. Los Macabeos con pasión e inteligencia llevaron adelante una guerra de guerrillas que les permitió no solo granjearse el apoyo popular sino además obtener el tan ansiado triunfo militar.

En este juego de complementariedades quisiera plantear a partir de la historia de Iosef como administrador del granero de Egipto, una lectura alternativa sobre el milagro del aceite de Janucá.

La Torá nos cuenta que la interpretación del sueño del Faraón que hace Iosef establecía que a los siete años de abundancia le seguirían siete años de escasez. Sin embargo, la gran novedad que aporta la sagacidad del hijo de Jacob es la necesidad de ahorrar en los buenos tiempos para subsistir en los malos:
Haga esto Faraón: nombre intendentes sobre el país y exija un quinto de la producción de la tierra de Egipto en los siete años de abundancia... Y que los víveres sean una reserva para el país durante los siete años de hambre que ocurrirán en la tierra de Egipto, a fin de que el país no perezca durante el hambre. (Gn 41:34-36)
A los economistas les encanta este pasaje ya que marca un antecedente para el cobro de impuestos y además reconoce los ciclos económicos en donde periodos de crecimiento se intercalan con años de recesión.

Si trasladamos la capacidad previsora y organizativa de Iosef  a la experiencia de los Macabeos, quizás podamos afirmar (recuerdo haberlo leído pero no recuerdo donde) que el milagro del aceite no fue otra cosa que la habilidad para administrar con eficiencia el aceite de forma tal de La Menorá del Templo estuviera encendida los ocho días necesarios para conseguir el nuevo combustible.

En ese sentido, el “milagro” no fue otra cosa que utilizar con máxima responsabilidad y criterio el aceite para que dure el tiempo requerido.

Basta con escuchar un rato las noticias para saber que en los tiempos que vivimos las carencias de la sociedad no se deben principalmente a la falta de recursos sino a la ineficacia, la corrupción y la negligencia en el manejo de los mismos. Las velas de Janucá deberían ser un llamado de atención para que seamos generadores de un nuevo milagro.

Un milagro que no apunte a la magia sino a la capacidad de gestión de las autoridades, en pequeña y en gran escala, para dar respuestas a las necesidades de la gente.

Sí, yo también a veces pienso que esto es mucho más difícil de creer que la leyenda del aceite milagroso, pero las velas de Janucá nos recuerdan el poder de la luz para vencer la oscuridad.

Que también nosotros seamos productores de una realidad diferente y podamos decir “Un gran milagro, ocurrió aquí”.

Shabat Shalom y Jag Haurim Sameaj

Gustavo

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