jueves, 1 de octubre de 2015

Shabat Jol Hamoed Sucot 5776

Rabino Gustavo Kraselnik
Kol Shearith Israel - Panamá

Hiljot Yom Hakipurim, el tratado que el Shulján Aruj dedica a la observancia del día más sagrado del año, culmina diciendo que al finalizar esa jornada, repuestos del ayuno, debemos comenzar a construir la Sucá. En palabras del Mapá (Moshe Isserles, Polonia Siglo XVI), para pasar sin interrupción del cumplimiento de una mitzvá a otra mitzvá (Oraj Jaim 621:4).

También el Gaón de Vilna (Eliahu Ben shlomo Zalman Kramer, Siglo XVIII) conecta ambos días sagrados.  En su interpretación, y tomando en cuenta que de acuerdo al Talmud (Taanit 30b) Moisés descendió del monte Sinaí el 10 de Tishrei (Yom Kipur), el 11 le comunica al pueblo la orden de construir el Mishkán (Tabernáculo), el 12 y el 13 el pueblo trae las donaciones, el 14 se lo prepara y el 15 de Tishrei, la fiesta de Sucot, queda consagrado.  (Citado por el Maguid de Duvno, Kol Iaakov, Shir Hashirim 1:4.)

Existen muchas otras formas de vincular ambas celebraciones.  La realidad es que apenas terminamos Yom Kipur, ya nuestro esfuerzo está destinado a la preparación de Jag Hasucot.  Una vez escuché plantear la relación a partir de un tema de personas.  Yom Kipur es una experiencia profundamente individual (es el día que se rubrica mi veredicto), mientras que Sucot apunta a lo colectivo (es la fiesta en que pedimos por lluvia, un premio compartido por todos).

Hay quien sostiene que Sucot viene a desafiar a Yom Kipur.  Después de la intensidad del ayuno y convencidos que nuestra Teshuvá (arrepentimiento) fue aceptada, podemos dejarnos vencer por la arrogancia y creer que somos invencibles (al menos hasta el próximo juicio divino). Sentados bajo la Sucá, “sufriendo” sus incomodidades y pendientes de las inclemencias climáticas (lluvia y calor, aquí en el trópico ambos igual de intensos), recuperamos la sensación de fragilidad y recordamos que “somos solo polvo y cenizas”, como rezábamos con tanta fruición en Yom Kipur. 
Por otra parte, podemos pensar que Yom Kipur y Sucot se complementan.  Mientras que en el primer caso se trata de una jornada solemne, cargada de un fuerte sentido de trascendencia, Sucot es considerada la “fiesta” por antonomasia (al menos así era en la época Talmúdica) y las  manifestaciones de alegría – en otros tiempos, excesivas – acompañan la celebración, tal como lo establece la Torá:  “Celebra durante siete días la fiesta de Sucot, apenas termines de recoger los frutos de tu era y de tu lagar.  Te alegrarás durante la fiesta…” (Deut 16:13-14). 
Además de todo lo anterior, a mi me gusta ver en Sucot la oportunidad de llevar a la práctica los enunciados teóricos de Yom Kipur. Las dos mitzvot centrales de la fiesta, la Sucá y los Arvaat Haminim (las cuatro especies), conllevan acciones físicas. 

A diferencia de Yom Kipur, en donde nos adentramos en un profundo ejercicio teórico sobre nuestra propia vida, Sucot nos lleva literalmente a construir una Sucá para habitarla durante la fiesta, y nos convoca a tomar en nuestras manos y sacudir juntos el Lulav, el Etrog, el Hadas (Mirto) y la Aravá (sauce) en ambos casos, actos concretos que no solo involucran nuestros cinco sentidos, sino que también están fuertemente cargados de simbolismo. La sucá rememora la travesía por el desierto y nos recuerda nuestras limitaciones. Los Arvaat Haminim, con su diversidad, nos recuerdan la pluralidad del reino vegetal y también de la especie humana (de acuerdo al midrash Vaikrá Rabá 30:12, representan los distintos tipos de judíos).

Solo cinco días en el calendario separan a Sucot de Yom Kipur.  Ambas celebraciones, cada una a su manera, nos invitan a comprender mejor nuestra propia experiencia y desde allí, renovar nuestro compromiso de acercarnos más a Dios y a nuestros semejantes.
Shabat Shalom y Jag Saméaj,
Gustavo

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